lunes, 30 de enero de 2012

Alfredoooo!, que yo mejor ya me voy bajando, ¿eh?

o Crónica de un sueño cumplido.

Desde que Laura aprendió el significado de la palabra escalar, siempre que vamos al monte se enfada con nosotros porque eso de subir sólo con los pies no mola nada y nos da la murga: ¡Yo lo que quiero es escalar!. El último paseo que dimos al Mugarra fue con la promesa de que al final había que trepar un poco, después de hacer cima, bajó con un cabreo... ¡Esto ni es escalar ni es nada! Pero le prometimos que algún día lo haríamos. Y ese día llegó.

El día anterior, Leire había estado un poco pachucha, con dolor de garganta, apenas hablaba, sólo se le oía decir por lo bajini: "No, no me puedo poner mala, por favor, no me puedo poner mala".
Yo preocupada, hija, estás bien ¿verdad?, que ya veía yo que nos quedábamos sin excursión. Pero la mente humana es poderosa (las defensas de Leire también) y el sábado nos levantamos todos con una sonrisa para acudir a la cita.

Por el camino me entero de que vamos a ir al Pantano de S. Juan, donde yo disfruté durante 4 años de mi infancia. Se me saltan las lágrimas, la nostalgia acude a mi corazón,... pero me dura poco, que con 3 niños en el asiento de atrás os aseguro que no hay mucho tiempo para pensar en tí.

Y asín, entre papá no corras y ¡ay que me mareo! nos encontramos con la plaza de toros de San Martín y con Isa y Alfredo. Y hala, tos pa'lmonte.

Llegamos. Miramos y el Alfredo: que ponte este arnés, que Isa asegúrame,  que pásame esos pies,... ¿quién sube 1º?



No hubo problemas por decidir quién iba, Laura tenía ya colocado los pies de gato, el arnés, el casco y las ganas casi antes de llegar. Y allá que se lanzó. Éxito hasta la 1ª parte
 , luego Nico, que tampoco lo hizo mal. (A ver, tened en cuenta que soy su madre, seguro que Alfredo piensa de otra manera)








Y Leire,... subió, miró y se quedó un rato agobiada porque no sabía cómo bajar. Al final rompió a llorar.
Uno de los chicos que estaban al lado, le comentaba al otro: "Yo entiendo a la cría, no lloré la 1ª vez que tuve que bajar porque me daba vergüenza,... ¡ay pobre!"



Pero luego bajó, la consolamos y cuando estuvo más tranquila lo 1º que dijo fue: "Luego subo otra vez". En fin, la adrenalina es lo que tiene.

Después Isa, que a mitad de camino gritó eso de Alfredoooo, yo mejor me voy bajando eh?, y Alfredo que no, que subas un poco más, venga que tú puedes, Isa, que no, que no, que yo ya me bajo. Y se bajó.

Más tarde Agus culminó con éxito, yo veía que el turno se me acercaba y no sabía dónde meterme, menos mal que se nos había olvidado nosequé en el coche y me ofrecí generosa a hacer el recado. Pero eso era sólo alargar la agonía. Ayhhhh!!! lo peor era el miedo al ridículo, una que es más tonta,... Hay cosas que no se pueden evitar y esto ya era como el los encierros, ya que viene la vaquilla habrá que correr, que no hay más remedio. Pues eso, que con los pies de gato puestos y los ojos de mis hijos en mi cogote no pude hacer otra cosa que subir el pie p'arriba y luego la mano, y luego el otro pie,... y así llegué hasta donde Isa y yo me uní al grito de guerra: Alfredo que yo mejor me voy bajando ¿eh?

Pero chicos, ahí no se quedó la cosa, que estuvimos toda la mañana pegándonos por ponernos el arnés y quitándonos el sitio unos a otros (sobre todo Laurita, que si la hubieramos dejado todavía andaría colgada)

En fin, el caso es que la siguiente vez que subimos no nos conformamos con quedarnos a la mitad y subimos todos (a excepción de Leire) así de felices.






...fue un día espectacular, ahora cada vez que vea una roca la miraré con otros ojos, pensaré en la posibilidad de subirla por ahí, o no, mejor por ese otro lado.

Comida a las 4 de la tarde, que para una vez que vamos a escalar no lo íbamos a dejar a las 2. Al final del día, ya en casa, escribí a Alfredo para darle las gracias de parte de los niños y para preguntarle (también de su parte) si lo podíamos repetir. Me contestó que sí y teníais que haber visto la cara de Laura: se le iluminó la cara con una sonrisa de oreja a oreja con los ojos como platos y sólo pudo articular una palabra: 

¿MAÑANA?

martes, 10 de enero de 2012

4 y acción

¿Vosotros sabéis lo duro que es organizar algo para un grupo, esforzarte para satisfacer sus expectativas, buscar lugares comunes donde todos coincidan, gratis, y recibir a cambio quejas, deserciones y desprecios?

Pues lo contrario es justo lo que pasa cuando nos proponemos ir al monte. Cada nueva propuesta es acogida con mayor entusiasmo, todos intentando conseguir liberarnos para disfrutar de una nueva jornada montañera.

Confieso que tengo un cierto prurito por pisar nieve, pero este invierno seco no está propiciando el encuentro, así que haciendo de la necesidad virtud, acortamos el viaje y retomamos aquellas rutas que teníamos pendientes otra vez en el sur.

El Arenal es otro pueblo abulense donde no me importaría que me regalaran una casa, chicos mi cumpleaños está cerca.

Primera escena: Los cuatro a las siete de la mañana discutiendo en que coche vamos. "el mio que es más grande", "no, el mio que no tiene chicles en los asientos", "no, el mio que es más rápido", "¿rápido?, y ¿quién soporta el ruido que hace".

Segunda escena: Los cuatro hablando MAL de los que no han venido. Chicos, sí, en vuestra ausencia aprovechamos para hablar mal de vosotros, la próxima vez pensaros muy mucho quedaros en casa calentitos.

Tercera escena: ¿ya hemos llegado?. Si todavía es de noche. Sal tú, que hace mucho frio. ¡Oye que yo estoy en mi coche!

Cuarta escena: Si os estáis poniendo las botas, cambiando los pantalones, guardando las cosas en la mochila, ¿qué es lo que habéis hecho en vuestra casa?

Quinta escena: "Hoy llevo yo el GPS". y entonces nos damos un paseo por el pueblo antes de encontrar el camino hacia el puerto de la cabrilla. Ante la mirada estupefacta de la población local. "Si hubierais subido las veces que yo, se sus quitaban las ganas"

Sexta escena: Es ver delante a una pareja de cuarentones Ciudarealeños y María adelanta a la Isa, y va descolgando miembros de la cordada, Contador a su lado un pringao. Llegamos al puerto, 2000m (el Arenal 900m) del tirón, sin anestesia y sin aliento.

Séptima escena: esta nos quedó bien. Parada a almorzar. (Nota. Recordadme que no quedemos después de un día de fiesta, el condumio baja de calidad estrepitosamente).

Octava escena: esta también es un clásico. "Seguid, seguid, que voy a parar a mear", "y tu, ¿nunca meas?"







Novena escena: Plano secuencia bajando entre castañares y pequeñas hogueras quemando las hojas caídas de los castaños.









Décima escena: ¿repetimos el mismo paseo de salida a la llegada? No, ya va Alguien a por el coche, mientras el resto espera en la plaza y selecciona un bar.

Última escena: Una plaza, tres bares, cuatro indecisos. Solución, en el bar de los jóvenes dejamos la basura, en el de los hombres nos tomamos la jarra de cerveza, y en el de las mujeres una caña.

Cerramos con un fundido a negro, en el coche solo hablaba el locutor de Kiss FM, con unos roncos sonidos de fondo.

P.D. Tranquilos, a la vuelta ya nadie se acuerda de hablar mal de otros.



lunes, 9 de enero de 2012

La Mira

Otra vez la Mira

Durante el largo tiempo de crianza habíamos abandonado la idea de enfrentarnos a Gredos desde su vertiente sur, el primo de Zumosol impresiona, porque si lo miras desde abajo parece que se te va a caer encima y se te quitan las ganas de acercarte.

Ahora que vamos creciendo parece mas guapo que grande, y siempre encuentras la forma de acercarte a su lado mas tierno. Ya llegará el momento de vencer su lado mas radical.

Y así es como otro sábado, temprano, con prisas, y con un tiempo de perros, nos acercamos a Guisando con el propósito de alcanzar la Mira y disfrutar de una excursión por el campo.

El sábado (10-12-11), como toda la semana, amanece según el pronóstico, cubierto, nubes bajas y alta probabilidad de lluvia. Es llegar a la plataforma que da acceso a la mira y salirte de las nubes, buen comienzo. Por encima también hay nubes, pero bastante menos densas, y hasta que el sol alcance su altura vamos a necesitar la crema protectora.



Subimos por el camino empedrado, parando cada poco a quitarnos ropa, ahora un guante, luego una chaqueta, ahora el gorro, después el otro guante, adelantamos a un grupo de cuarentañeros que habían salido antes que nosotros de la cabra,


y Agustín me va preparando: 


  • "Subir y bajar por el mismo sitio es un poco rollo, ¿no?", "alguien me ha comentado que la subida al refugio por la apretura es más fácil que por las zetas",

Yo:

  •  "Bueno, ya veremos, que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer".



Mientras disfrutando de ver toda la meseta bajo la niebla.

Así, entre ponte bien y estate quieta nos acercamos a la Apretura, a la izquierda un camino que asciende por la montaña en unas cómodas zetas. A la derecha un to pa'rriba con un cartelón maravilloso que informaba: "Camino peligroso, riesgo de desprendimientos" ¿qué por dónde fuimos? cuando me quise dar cuenta estaba agarrada con un brazo a una roca, con el otro a unas hierbas, con los pies colgando en el vacio buscando donde coger impulso para patearle el culo al de la idea cachonda. Y así siempre para arriba. 


Parada a almorzar un poco de chocolate, fruta y golosinas cerca del refugio, y con fuerzas a superar la cuestecita hasta la puerta de acceso a la Mira. Sigue el sol arriba y las nubes abajo.


Superamos el portillo y aparace la campa de la Mira nevada, "¡vamos a pisar nieve!", 

Yo:

  • yo por ahí no paso, que no hemos traído crampones

Maridín:

  • Venga si apenas hay desnivel, comenzamos a andar y ya veremos

Yo,

  •  que no, que no he hecho ninguna promesa al Cristo de mi pueblo...


Resultado, nieve helada, Maridín pa'lante y yo que me lo como. He de reconocer que se convirtió en un paseo entretenido, y la vuelta cuesta abajo mucho más (con caída propia incluida).




En la Mira, tocamos y nos volvemos, no es tarde, pero hace fresco, las nubes empiezan a oscurecer el cielo y Agustín se pone pesado con que quiere comer en un sitio calentito.

¿soy la única? nunca encuentro a la primera el acceso a al bajada al refugio, cualquier día me "enrisco".  

Adios a la nieve, pensando en el bocadillo y de repente empiezan a caer copos de nieve, ni en un anuncio de Coca Cola las cosas salen tan bien. Es solo un momento, no da tiempo a que el suelo se moje, era para la foto.


Según bajamos nos acordamos de la caida de aquella mujer en la anterior bajada, hoy nos parece practicamente imposible, y en estos pensamientos nos cruzamos con una pareja de atletas que suben rápido y que más adelante en su bajada nos pasaran corriendo. Me tiene que agarrar Agustín porque ya estaba lanzandome detrás de ellos.


 Vuelta al camino de las losas amarillas, y otro día de montaña estupendo y repetible, ahí a una hora de casa.

 A pesar de la calidad de las fotos sólo el verlas para recordar aquél día merecen la pena, ¡Qué bonito estaba Gredos! ¿o no?